Flotan entre brumas suaves, sin distinguir si ascienden o se disuelven. Las montañas aquí no pesan, no yacen: sueñan. Un viaje sobre la impermanencia, el eco de algo que se avecina —y la extraña calma de saber que nada se fija para siempre.

Acrílico sobre tela, 120 x 100 cm.