Angélica García Estrada

Durante años pinté cuerpos: figuras concretas, reconocibles, que sostenían algo del mundo visible. Hoy ese lenguaje se ha abierto. Las formas se sueltan, el color gana peso propio, el gesto importa más que el contorno.

No fue una decisión conceptual. Fue un proceso —gradual, a veces incómodo— de soltar lo que ya no alcanzaba para decir lo que necesitaba decir.

Pinto atmósferas, rastros, movimiento detenido. Busco que quien se pare frente a la obra sienta algo antes de entenderlo. No más que eso, pero tampoco menos.