Acrílico sobre tela, 150 x 120 cm.

Las montañas apenas se dibujan entre brumas. Todo en esta obra está en tránsito: las formas que suben, la luz que cede, el horizonte que no termina de aclararse.

Hay palabras inscritas en la superficie —"Fluir como nube. Ceder como río. Trascender como aliento."— pero no se entregan de inmediato. Emergen o desaparecen según la luz, la distancia, el momento. Como el resto de la pintura.